Un criado llamado esperanza

Son las tres de la madrugada. Y el criado está en pie, junto a la puerta, vestido con su mejor uniforme. Se le cierran los ojos de sueño. Es un motivo más para no sentarse.

Un demonio, de ésos que pululan por las noches como insectos de las tinieblas, le invita a mirar hacia dentro de la casa. Abre las puertas de la pequeña habitación del criado y le muestra su batín, su pijama, su sillón, el libro que lee antes de acostarse y… ¡su cama! Retira un poco la colcha, descubriendo la almohada, y susurra: «¿Por qué no te acuestas? Él no va a llegar». El criado aparta la vista, la vuelve a clavar en la puerta cerrada, y el demonio se desvanece como pompa de jabón reventada en el aire.

Ese criado se llama «Esperanza».

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Esperanza: Aunque es de noche, y el batín y la cama se muestran más cercanos que el Señor, vale la pena decir «no» a esos pequeños consuelos cuando sabemos que vendrá el Amor.

(TOI29M)