Un buen día para salir

Cuando Jesús entró en Jerusalén, lo hizo montado en un borrico. Aquella aparición tan humilde sacó de sus casas a los vecinos, y las calles se llenaron de aclamaciones. Jesús se dejó aclamar, y recibió aquellas alabanzas que honraban a su Padre y lo honraban a Él.

Tomad, esto es mi cuerpo. Hoy, ese mismo Jesús recorrerá las calles de tu barrio, de tu pueblo, o de tu ciudad. No es un borrico su trono, sino la pobre apariencia de un trozo de pan. Pero, bajo esa apariencia tan humilde, es su Cuerpo el que recorre tus calles.

No es buen día para que te quedes en casa. Tienes que mostrarle al Señor cuánto lo amas, y tienes, también, que hacer profesión pública de tu fe.

Fíjate cómo llenan la estatua de La Cibeles los seguidores del Real Madrid cuando su equipo gana un trofeo. No parece que les dé vergüenza, ¿verdad? Ni tampoco parece que les pueda la pereza cuando están jubilosos por el triunfo.

¿Vas a avergonzarte tú del triunfo de Cristo? ¿Va a retenerte en casa la pereza cuando el Amor de Dios invade las calles?

No. No es buen día para que te quedes en casa.

(CXTIB)