Un abismo entre dos mundos

La parábola de Lázaro y Epulón tiene un epílogo de ultratumba. Tras su muerte, el rico es atormentado y el pobre es consolado. Quisiera el rico gozar de la paz del pobre, y no le es dado, porque un abismo se interpone entre ambos.

Entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros.

No pienses que ese abismo se abrió de forma repentina tras la muerte de los dos. Ya en vida, Lázaro y Epulón representan dos mundos separados por una sima, dos caminos abiertos en galaxias distintas.

Minutos antes de morir, vieron a Epulón rezando. Y le preguntaron: «¿Tú crees que existe Dios?». Respondió: «Creo que Dios existe». Mientras tanto, pensaba: «Aunque, si no existe, tampoco me ha ido mal en esta vida». Murió como un animal satisfecho.

Cuando le hicieron la misma pregunta a Lázaro, respondió: «Si Dios no existiera, ya habría saqueado hace mucho tiempo la casa de Epulón. He vivido pobre por respetar su Ley, y muero pobre deseando verlo». Murió hambriento de Dios, como los santos.

El cielo es de quienes se lo juegan todo.

(TC03J)