Tu cuerpo

Durante la misa de hoy escucharás el salmo 23, con toda su solemnidad: ¡Portones, alzad los dinteles! Que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria.

Y es que hoy celebramos cómo el Rey de la gloria, cuarenta días después de nacer, hizo su entrada en el Templo de Yahweh. Fue una entrada solemne, majestuosa, triunfal; pero esa majestad, ese triunfo y esa solemnidad sólo fueron vistas desde el cielo. En la tierra, apenas cuatro personas vislumbraron la gloria de aquel momento.

¿Y tú? ¿Te das cuenta, de verdad te das cuenta, de que lo que entonces sucedió sucede cada vez que comulgas? Cuando recibes a Jesús Eucaristía, el Rey de la gloria hace su entrada en un templo mucho más digno que aquel templo de piedra construido por Herodes. ¿Se alzan, de par en par, las puertas de tu corazón para recibir al Señor? ¿Preparas cada comunión con comuniones espirituales que aumenten tu hambre, tu deseo de recibir a Cristo? ¿Procuras llegar pronto a misa para hacer honor a ese momento? ¿Tiemblas de amor al acoger a Jesús en ti?

Una última pregunta: ¿Sabes que tu cuerpo es templo de Dios? ¿Lo conservas casto?

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