Trigo y cizaña juntos

¡Qué misterioso es ese dejadlos crecer juntos hasta la siega  de la parábola del trigo y la cizaña! Aunque el dueño de campo lo explica a los criados (al recoger la cizaña, podéis arrancar también el trigo), no nos acostumbramos a esa coexistencia de la luz con las tinieblas en esta vida.

Conviven, en el alma, gracia y pecado, trigo y cizaña. Odiamos el pecado, tratamos de erradicarlo de nuestras vidas, luchamos contra él. Y, sin embargo… «Padre, siempre me confieso de lo mismo». Tras años luchando, te parece que apenas has conseguido nada (aunque no sea cierto). ¿Por qué lo permite Dios, si Él odia el pecado, como tú? Habrá que responder que Dios lo permite en aras de un bien mayor. Si te otorgase la victoria en todas tus batallas, quizá la vanidad y la soberbia se apoderasen de ti. ¡Te creerías semejante a Él! Quizá Dios permite que sigas cayendo para que seas humilde, y no olvides quién eres. No sé…

Conviven, en la vida, placer y dolor. ¿Por qué no arranca Dios los sufrimientos, si nos ha creado para la dicha? Te responderé: porque la Cruz es la puerta del Cielo. Hay un pecado que expiar.

(TOI16S)