Trigo limpio

En ocasiones, cuando una persona nos inspira confianza, decimos de ella que es «trigo limpio». Y, como casi siempre, nos equivocamos.

La buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno. Como aquellos criados de la parábola, queremos separar trigo y cizaña sin estar preparados para ello. Cuántos idiotas, a lo largo de la Historia, han pasado por santos, y cuántos santos han pasado por idiotas. ¡Cuántos juicios estúpidos, que más nos valdría no haber formulado jamás!

Para empezar, porque el trigo sucio también es trigo. De hecho, en el campo, el trigo suele estar sucio. Son cosas que pasan cuando vives rodeado de tierra y de polvo.

Sólo Dios conoce quién es trigo y quién es cizaña, porque sólo Él lee los corazones. Es allí, en el corazón, donde una persona pertenece al reino de los cielos o al Príncipe de este mundo. No todo es lo que parece.

Si quieres ser trigo de Dios –limpio o sucio–, purifica el corazón con la humildad y la oración. Y rézale mucho a la Purísima, el trigo más limpio que jamás pisó la tierra, para que ella limpie tu pensamiento, tus palabras y tus acciones.

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