Todos obedecemos

Quienes consideran la obediencia como la anulación de la libertad deben pensar que ser libre consiste en encontrarse en medio de un inmenso desierto, y poder decidir qué rumbo tomar entre las 360 posibilidades de la brújula.

Pero, ni la vida es así, ni la libertad es eso. Todos elegimos, libremente, a quién obedecer.

Algunos obedecen al vientre. Y, como el cuerpo es un gran tirano, su vientre los esclaviza, y ya no pueden negarle capricho alguno.

Otros obedecen al corazón. El corazón los somete a sus impulsos, y ya no pueden poner freno a sus emociones.

Otros, más sesudos, obedecen a su razón. Pero la soberbia los acaba cegando, y son incapaces de admitir error alguno. Terminan esclavos de su prepotencia.

Quien cumpla y enseñe (la Ley de Dios) será grande en el reino de los cielos. Los santos obedecen a Dios. No se fían de su vientre, ni de su corazón, ni de sus claridades mentales. Más que de sí mismos, se fían de Dios, y obedecen. Tienen que luchar cada día, porque son realmente libres y pueden desobedecer… Pero sólo ellos aciertan con el camino que conduce a la felicidad. Han elegido bien a quién prestar obediencia.

(TC03X)