Toda la Ley en una cruz

Éstos son mi madre y mis hermanosEn mi Biblia, un libro de hojas grandes y letra pequeña, el Deuteronomio ocupa treinta páginas. Tiene treinta y ocho capítulos. Y prefiero no contar el número de palabras, porque me produciría mareos. Si sumamos los preceptos que añadieron los letrados, un hebreo observante, en tiempos de Jesús, vivía sepultado en normas. Cumplirlas todas era imposible.

Decir que Cristo ha abolido la Ley para sustituirla por el amor es una simpleza. Sobre todo, porque no es verdad:

No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Pero, paradójicamente, es en esa plenitud donde toda aquella infinidad de preceptos encuentra su unidad y alcanza la sencillez que faltaba. Como si miles de células se congregaran en un cuerpo, y así pasaran a ser un solo organismo, así los miles de preceptos se agruparon en torno a Cristo.

Mirad un crucifijo. Allí reside la plenitud de la Ley, y allí se encuentra la sublimación del Amor. Ahora, la Ley de Dios no se encuentra en un libro. Está, toda ella, clavada en la Cruz. Basta una mirada amorosa para entenderlo todo, y basta un abrazo para que todo sea cumplido.

(TC03X)