Tibieza y escándalo

No sólo los sacerdotes somos pastores. También lo sois los padres y las madres, los maestros, los catequistas… y todos vosotros, si quienes os rodean conocen vuestro amor a Dios. Para muchos, sois el ejemplo de lo que es un cristiano. Vuestras virtudes harán a otros desear la santidad. Vuestros pecados –si ven vuestra lucha y vuestro arrepentimiento– incluso pueden hacerles entender que la santidad está al alcance del pecador. Vuestra tibieza, sin embargo, apartará de Dios a muchos. Lo peor no es que os vean pecar; lo peor es que parezca que «no pasa nada».

Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Mejor morir la más dolorosa de las muertes y ser ejemplo de fortaleza, que vivir la más regalada de las vidas y apartar a otros de Dios. A los mártires los han matado con una crueldad aterradora, y su muerte ha sido semilla de cristianos. Pero el tibio, el que da a entender a los demás que se puede ser cristiano sin necesidad de tomárselo demasiado en serio, se pierde a él y pierde a otros. ¡Dios nos libre!

(TOI32L)