Tenemos ojos y oídos

El Todopoderoso, al tratar de sembrar en los corazones de los hombres la semilla del reino, se sintió impotente. Él les anunciaba verdades eternas:

Evitad la levadura de los fariseos y de Herodes.

Y, mientras tanto, ellos discutían sobre el hecho de que no tenían panes. Miraban a la tierra, mientras el Señor les hablaba del cielo.

Jesús se desmorona:

¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís?

Llevas razón, Señor. Tenemos ojos, y no vemos tus maravillas, porque esos ojos están pendientes de una serie de televisión, o de la pantalla del teléfono móvil. Tenemos oídos, y no oímos, porque esos oídos están escuchando Spotify, o enfangados en conversaciones vanas.

Tenemos ante nosotros el altar, donde tu cuerpo se ofrece, y nos volvemos para mirar quién acaba de entrar en la iglesia. Se proclama tu Palabra, y estamos repasando mentalmente la lista de la compra. ¿De qué nos sirven los ojos y los oídos, si los enterramos, porque los sumergimos en las cosas de la tierra?

¡Qué mal te lo hacemos pasar!

Hoy te entregamos nuestros ojos y nuestros oídos. No permitas que se fijen en nada ni nadie más que en Ti.

(TOI06M)