Te soporto porque te quiero

Amarse supone, también, soportarse. Cuando dos jóvenes se enamoran, todo se les vuelve ligero; parece que caminasen sobre nubes. Pero, con el paso del tiempo, las nubes se deshacen, los pies pisan tierra, los ojos se abren, y ambos descubren que el ser amado tiene defectos. En ese momento, soportarse con paciencia y con cariño supone, muchas veces, una las formas más hermosas del amor. «No te soporto», por desgracia, significa «no te quiero».

¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Hasta el fin del mundo. Porque la Pasión de Cristo abarca la Historia de principio a fin. Hemos nacido veinte siglos después de que Cristo padeciera, y nuestros pecados hacen mella en su costado. Cristo me ha amado porque me ha soportado, y soportándome me ha redimido. No se ha echado atrás.

Jamás digas a nadie «no te soporto». Cada vez que te cueste soportar a alguien, mira despacio a un crucifijo, y recuerda cuánto te ha soportado Jesús a ti. Si Él quiere, ahora, que lleves una esquina de su Cruz, y soportando a tu prójimo lo redimas junto a Él, ¿serás capaz de decir que no? Qué mal cirineo serías, entonces.

(TOP07L)