Te siento lejos

Por si acaso te resulta familiar, te relataré una escena terrible:

Él y ella están sentados, comiendo. Hablan poco. Al comenzar el segundo plato, uno de los dos se queja:

– ¿Dónde estás?

– Estoy aquí.

– No, no estás aquí. Estás lejos. Te siento lejos.

– Son cosas tuyas. Estoy aquí, a tu lado. Quizá sea el cansancio.

– No es cansancio. Estás a mil kilómetros de mí.

Tras este breve diálogo se cierne la sombra de una infidelidad. Si un ser querido te siente lejos cuando estás a centímetros de él, deberías mirarte por dentro y sincerarte, primero, contigo mismo. Pero si quien se queja de que te siente lejos es Dios…

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

Examínate; hay mucho en juego. Rezas, pero tu corazón no late. Cumples, pero no vibras. Dices creer, pero te aburres junto a Dios. ¿Dónde estás? ¿A mil kilómetros de Dios? ¿Quién, o qué, te ha llevado hasta allí? Vengo a decirte que Dios te siente lejos.

Vuelve, vuelve deprisa. Rompe esas cadenas; trae de nuevo el corazón a la alabanza de tus labios. ¿No te das cuenta de que nada ni nadie te hará feliz sino Dios?

(TOB22)