Te lo digo, Marta…

esa voz«Te lo digo, Marta, para que aprendas, Juan». Quita «Juan» y pon tu nombre. Porque las palabras que el Señor dirige a esta hermana «agobiona» de María las pronunció pensando especialmente en ti:

Andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor. Y ya sabes lo que hacía María: Sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Si sólo la escucha de la palabra de Dios es necesaria, todo lo demás es prescindible. En ese «todo lo demás» entran muchas cosas importantes, y otras urgentes: la salud, el éxito, la honra, el descanso… en definitiva, todo lo que no sea Dios.

Ojalá te acostumbrases a mirar a la cara a tus preocupaciones muchas veces al día, y a decir: «Esto no es necesario, no lo necesito; quizá es importante, pero puedo pasar sin ello. Lo único sin lo que no puedo vivir es Dios». Por si no te bastaran las palabras de Jesús, recuerda cómo te lo dijo, también, santa Teresa: «Quien a Dios tiene, nada la falta. Sólo Dios basta».

Te haces daño a ti mismo cuando andas tan alejado de Dios y tan preocupado por las cosas.

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