Sufre como hombre, y piensa como Dios

Creemos que amar es decir «no sufras», y que es muestra de amor evitar el sufrimiento al ser querido. Pero nos equivocamos, porque el verdadero amor consiste en acompañar en su dolor a quien amamos.

Cuando Jesús anunció a sus apóstoles que tenía que padecer mucho, Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Y el Señor le reprendió: ¡Piensas como los hombres, no como Dios!

Es urgente que nos reconciliemos con el sufrimiento. No nos hace bien esa obsesión por no sufrir. «Esto cuesta mucho» –pensamos–, «seguro que Dios no lo quiere». «Estoy sufriendo, eso significa que algo no va bien». «Me tratan mal. Dios no debería permitirlo». Así piensan los hombres.

Pero Dios no piensa así. Dios piensa: «Haz mi voluntad. Y, si para ello tienes que sufrir, convierte en ofrenda tu dolor y redime almas a través del sacrificio. Yo te devolveré esa muerte transformada en vida».

Frente a los miedos de Pedro está la serenidad de la Virgen. Mírala, al pie de la Cruz, amando y acompañando en su dolor al Ser amado. En el Gólgota comprenderás que lo que importa no es sufrir o no sufrir, sino hacer lo que Dios quiere.

(TOP06J)