Sobran romanticismos

No nos engañemos: un apostolado bien hecho, el apostolado de un santo, no tiene buena acogida entre los hombres. La Cruz no se lleva bien con el marketing, por más que algunos parezcan empeñados en intentarlo.

Por eso, sobran romanticismos. Pensar que un cristiano que anuncia a Jesucristo va a ser aplaudido y reconocido por los hombres es una quimera. Lo normal, en un cristiano que ejerce de apóstol en el mundo, es que siga los pasos de su Maestro; y que, por tanto, sea ultrajado.

Os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas… Mientras nadie señala al cielo, los hombres pueden reptar y hozar en las charcas cenagosas de este mundo entre dispositivos móviles, métodos anticonceptivos y dietas para tener a raya el colesterol. Pero si, entre ellos, alguien sale de las limpias aguas de la gracia, alza el vuelo y les obliga a mirar hacia arriba, sin duda lo matarán. ¿Por qué? Porque les hará sentirse sucios e indignos. Ya sé que más inteligente sería tomar ejemplo y echar a volar. Pero, para eso, es preciso soltar un lastre del que no se quieren desprender. A nadie le gusta quedar como esclavo. ¡Muerte al hombre libre!

(TOI14V)

Liber Gomorrhianus