Sin panderos ni tropeles

Permite que te copie unos versos del salmo 68: Aparece tu cortejo, oh Dios, el cortejo de mi Dios, de mi Rey, hacia el santuario. Al frente, marchan los cantores; los últimos, los tocadores de arpa; en medio, las muchachas van tocando panderos. «En vuestras asambleas, bendecid a Dios, al Señor, estirpe de Israel». Va delante Benjamín, el más pequeño; los príncipes de Judá con sus tropeles; los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí. Oh Dios, despliega tu poder, tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro. A tu templo de Jerusalén traigan los reyes su tributo (Sal 68, 25-30).

La cita es larga, pero vale la pena. Así entiendes lo que esperaban los judíos cuando Dios entrara solemnemente en su santuario. ¡Menudo espectáculo!

Y, de repente… El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen… Hágase en mí según tu palabra. Y el Verbo Divino entró en la Historia de los hombres. Sin panderos, sin tropeles, sin ruido, sin espectadores terrenos.

Salvo tú. Y yo, si guardamos silencio durante estos días. Sólo en silencio, como la Virgen, podremos escuchar la Palabra de un Dios que hablará en voz baja.

(TAB04)

“Misterios de Navidad

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