Sin miedo a la verdad

matrimonio cristianoJesús fue muy claro sobre la indisolubilidad del matrimonio: Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Los apóstoles llegaron incluso a replicar que, si el repudio seguido de nuevas nupcias constituía adulterio, no traía cuenta casarse. Pero el mismo Señor que había dicho a la samaritana que el hombre con quien convivía no era su marido jamás se retractó de sus palabras.

Escribo esto porque vivimos tiempos delicados. Muchas personas que, tras casarse en la iglesia, se divorciaron y contrajeron matrimonio civil con otra pareja se acercan a nuestras parroquias. Y debemos quererlas, acogerlas y ayudarlas. Pero cometeríamos un grave error, y una traición, si les negásemos lo que Cristo jamás negó: la verdad. Y esa verdad nos obliga a llamar adulterio al adulterio, a proclamar que hay un camino de salvación para los adúlteros si renuncian al pecado y procuran vivir como hermanos, y a ofrecer toda la ayuda de los sacramentos y el acompañamiento de la Iglesia a quienes quieran hacer la voluntad de Dios.

Cualquier otra forma de tratar al pecador supondría negar al Señor, quien, tras perdonar a la mujer adúltera, la invitó a no pecar más.

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