Sin estrujar, por favor

Los estrujamientos son muy perjudiciales para la salud… y para la vista. Si tienes a tu alrededor a diez mil personas que te estrujan, sólo ves a uno: al que te está metiendo el codo por el ojo. Por eso Jesús encargó a sus discípulos que le tuvieran preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.

Desde la barca, Jesús los ve a todos, habla para todos y a todos los sana. Quizá algunos se quejasen de que no podían tocarlo. Pero si el Señor se pusiera al alcance de las manos, quedaría estrujado, y sólo lo tocarían cuatro.

Por eso no puedes ver a Cristo en esta vida, aunque te duela. Si Jesús estuviera al alcance de los ojos, ¿cuántos podrían verlo? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Tú ves al Papa todos los días? Yo no.

Sin embargo, desde el Cielo, Cristo está al alcance de todas las almas de fe, y a disposición de todos los cristianos en todos los sagrarios. Los ojos duelen, pero el corazón se alegra.

Un día volverá, y todo ojo lo verá. Pero entonces nuestros cuerpos, ya gloriosos, estarán libres de estas limitaciones físicas y estos estrujamientos. Ese día nuestra dicha será completa.

(TOP02J)

“Evangelio 2022