Si no es fraterna…

Tradicionalmente, esta enseñanza del Señor se ha llamado «corrección fraterna»:

Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas.

Le viene bien el nombre, porque es la forma en que ayudamos a un hermano, mostrándole su error y situándolo frente a su propia verdad. Por eso, cuando corregimos, tratamos de hacerlo, no movidos por la ira o el rencor, sino por el cariño.

Pero, por el mismo motivo, algunas veces, es mejor callar que corregir. Me refiero a esas ocasiones en que tú no miras a quien te ofendió como a un hermano, o él no te mira a ti de la misma manera. Aquí tienes dos ejemplos:

Cuando estás airado por la ofensa sufrida, es mejor que calles y perdones. Porque si, en ese momento, tratas de corregir, te traicionará la ira, y acabarás desquitándote. Harás un daño innecesario, y la corrección no servirá de nada.

Cuando quien te ha ofendido lo ha hecho con odio, mejor es que sufras la ofensa mansamente, y calles; al fin y al cabo, digas lo que digas, no te escucharán. Toma ejemplo de lo que hizo Jesús en el Sanedrín. En esos casos, la mejor corrección es nuestra paciencia.

(TOI19X)