Si el mundo os odia…

Cruzo, a pie, el túnel que atraviesa las vías del tren. Dos personas –una pareja joven–  están escuchando mis pasos desde el otro lado. Cuando salgo del túnel, y me ven vestido de sacerdote, él le dice a ella: «Ya te dije que se acercaba un perro». Ni yo los conocía, ni ellos me conocían a mí. ¿Por qué esa reacción?

Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.

Pocas personas reconocerán, si se les pregunta, que odian a Dios. Quienes afirman no creer en Él dirán que, puesto que no existe, no pueden odiarlo. Pero lo cierto es que el odio a Dios está presente en muchos corazones. Quienes me llaman perro por la calle no me odian a mí, a quien no conocen. Odian a Dios, a quien ven representado en el alzacuellos del sacerdote. Quizá ese odio sea una prueba más de su existencia. Uno no se enfurece ante un concepto. Lo que te hace enfurecer debe existir.

Igual que el Espíritu siembra en los corazones de los creyentes el dulce amor a Dios, el Diablo inocula el odio a Dios en las almas en pecado. Más vale saberlo…

(TP05S)