Señora de nuestros sábados

Meditábamos ayer sobre un viernes y un domingo. Entre ambos, habita el sábado. Es el día del descanso de Dios, el día en que Cristo reposó en un sepulcro y, también, el día en que María amaneció madre de Juan y madre nuestra.

El Hijo del hombre es señor del sábado. Y la Virgen, señora de nuestros sábados.

Me gusta celebrar la misa votiva de la Virgen los sábados. Porque, si cada día nos alimentamos con el Pan de vida, este día y esta misa me recuerdan que es la Madre quien nos lo sirve. ¿No fue ella quien puso en la mesa del mundo el Alimento que devoramos? Por eso la recuerdo cada sábado mientras extiendo el corporal y dispongo el altar. Se me hacen pañales esos paños, porque sé que allí reposará el Hijo de Dios recién llegado. Y le pido a ella que se sirva de mis manos.

¿Por qué no pensar, cuando comulgo, que me entrega la Madre a su Hijo, puesto que lo entregó en Belén y en el Calvario?

Si aquellos apóstoles desgranaban en sábado espigas, nosotros, en sábado, comemos el Pan que nos sirve la Madre. Me gustan las misas de los sábados.

(TOI22S)