Señor, sólo el Señor

«Señor» se dice de muchas maneras. Habitualmente, significa «hombre adulto», pero puede ser despectivo o indiferente: «¡Que se calle ese señor!», «Ese señor que está ahí…», «Señor, ¿podría decirme la hora?», etc.

Pero «Señor», realmente, significa «dueño». Y así lo debemos entender cuando Jesús recita el primer precepto de la Ley de Dios: El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor». Es decir: Dios es el único Dueño, el Dueño absoluto, el Señor.

Desde aquí afrontamos nuestro examen cuaresmal, que hoy se condensa en dos preguntas:

¿Soy dueño de algo? ¿Me he adueñado de mi vida, de mi tiempo, de mi cuerpo, de mis fuerzas, de mis planes, de mi dinero, de mis seres queridos…? Porque, si me he adueñado de algo, debería desprenderme de ello hoy mismo para entregárselo al Señor, el único Dueño, y quedar yo convertido en mero administrador, que emplea cuanto tiene según la voluntad del Amo.

¿Se ha adueñado alguien o algo de mí? ¿Soy esclavo de mis pasiones, de la opinión de los demás, de mi cólera, de mis rencores y odios…? Porque, en ese caso, debería liberarme de ello para entregarme sólo a Dios.

Señor, sólo el Señor.

(TC03V)

(HOMILÍA EN AUDIO PARA QUIENES NO PUEDEN ASISTIR A MISA HOY) (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)

 

MÁS MATERIAL PARA REZAR EN CASA DURANTE LA CUARENTENA:

(MEDITACIÓN DE 31 MINS. SOBRE EL SEGUIMIENTO DE CRISTO) Predicada en unos ejercicios espirituales (Pulsar en el enlace con el botón derecho para descargarla)