«Señor, ábreme los labios»

Algunos no abrimos la boca por la mañana hasta que rezamos la Liturgia de las Horas. Nos hacemos la señal de la Cruz en los labios, y decimos: «Señor, ábreme los labios, y mi boca proclamará tu alabanza». Es maravilloso darle a Dios esas primicias.

Con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá» (esto es, «ábrete»). Me recuerda mucho este milagro a esa forma de comenzar, cada mañana, la Liturgia de las Horas. Después de esa señal de la cruz en los labios, las palabras santas de los salmos, como saliva del Señor, purifican la lengua, porque son palabras de Dios en nuestra boca.

Cógele el gusto a la Liturgia de las Horas. Antes no era fácil de rezar, porque el Diurnal estaba lleno de cintas, y hacía falta un máster para aprender a rezarlo. Pero, ahora, hay decenas de apps que convierten tu teléfono móvil en un salterio y te ayudan a beneficiarte de esa maravilla.

Ya sé que, después de rezar las Horas, coges el automóvil y tus labios, recién limpitos, se te ensucian con esos epítetos tan lindos que dedicas a otros conductores, pero… ¡que te quiten lo rezado!

(TOP05V)