Según se mire

En esta vida, se puede ser feliz, o desdichado, según se mire. Se puede ser santo, o esclavo del pecado, según se mire.

Según se mire… Todo está en juego en una mirada, nada más.

El que me ha visto a mí ha visto al Padre… Yo soy el camino. El santo mira a Cristo, y, al mirarlo, ve a Dios Padre. Se enciende, entonces, en santos deseos de llegar a Él, y lo hace por el Camino más derecho: se acerca a Jesús, contempla su humanidad santísima, y Jesús lo conduce al Padre. El Espíritu Santo lo mueve. Esteban, mientras entregaba la vida, veía a Cristo sentado a la derecha de Dios. De Felipe y Santiago podemos decir lo mismo: si no hubieran clavado la mirada en Cristo, ni hubieran sido apóstoles, ni hubieran sido mártires, ni hubieran sido santos.

Otros dan la espalda al Hijo de Dios. Se quedan mirando al mundo, esperando que el mundo, con sus halagos y seducciones, les dé vida… Y, así, se pierden, precisamente, lo mejor de esta vida, y también de la otra. Porque el mundo, mientras les promete vida, les da muerte.

¿Podrás tú, también, ser santo? Bueno, según se mire…

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