Sed santos, sed sabios

No puedo evitar cierta nostalgia en la fiesta de san Isidoro. En aquel sigo VII, y durante toda la Edad Media (¡y hasta no hace mucho!), santidad y sabiduría caminaban de la mano. San Isidoro compiló todo el saber de la época en sus escritos. Los niños eran educados por los clérigos, y el arte y la cultura llevaban el perfume de Cristo.

Hoy día (y no quisiera entristecerme en Pascua), el arte y la cultura occidentales huelen a todo menos a Cristo. Parece que los cristianos hubiéramos desaparecido del mundo de la literatura, del cine, de la música, de la pintura… ¿Dónde estamos?

Os lo digo a vosotros, a quienes leéis estas líneas. Y, a buen seguro, san Isidoro se une a mi clamor: No permitáis que se nos convierta la piedad en un sentimentalismo ñoño. No os conforméis con «sentir» cosas delante de un sagrario, o de una custodia, o de un crucifijo. Por el Amor de Dios, leed, estudiad, formaos. Si en vuestra parroquia no hay un aula de teología, pedidle al párroco que la instaure.

No basta con rezar. Hay que saber. Porque quien conoce ama, y quien ama desea conocer más.

Sed santos, sed sabios.

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