Se te anuncia una gran alegría

«Alegría» quiere decir muchas cosas. Hasta del borracho se dice que está «alegre». Pero la alegría verdadera, la que colma el corazón del hombre, sólo la da Dios, el mismo Dios que creó el corazón humano. Ese gozo viene al alma traído por el Espíritu Santo.

Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo.

El mismo Espíritu que llenó de júbilo el corazón humano del Hijo de Dios vendrá a tu espíritu, si lo esperas en vela. Mira cómo se funden, en un abrazo, los cuerpos de quienes se aman, cuando se encuentran después de un tiempo de separación. Del mismo modo, la noticia del Adviento, la venida de Dios a tu alma, es el anuncio de tu espíritu y su Espíritu camino de unirse en uno solo, cuando, al llegar a ti y encontrar abiertas las puertas, Él te llene por completo y tú te encuentres «ebrio» de Dios.

Por eso, agáchate, póstrate, sé humilde. El Paráclito vuela bajo, casi a ras del suelo, a la altura (la «bajura») del niño que nace pobre. Abrazará a los pequeños, no a los grandes.

Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.

(TA01M)