Sé creíble

Se asombraban los judíos del discurso de Jesús, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas. Los escribas repetían palabras que habían leído; Jesús, sin embargo, hablaba desde lo profundo de Sí mismo, y entregaba su corazón en cada sílaba.

Si al Señor no lo creyeron, no diré que vayan a creerte a ti. No obstante, cuando hables de Dios, sé creíble. Si te limitas a repetir, punto por punto, la última homilía que escuchaste a don Aristóbulo, o la última catequesis que escuchaste a Epaminondas, te vas a convertir en un pesado, y el motivo de que rechacen tus palabras será el aburrimiento. Un cristiano puede enojar, fascinar o provocar odio. Pero jamás debería aburrir. Sólo quien está aburrido aburre a los demás, y nosotros no nos aburrimos.

Escucha la homilía, atiende a la catequesis. Acoge esas palabras en el corazón y hazlas tuyas. Conviértelas en parte de tu alma, lucha por cumplirlas, enamórate de esas verdades. Y después, cuando hables de Cristo, da rienda suelta al corazón. Algunos te creerán, otros te odiarán, y otros se burlarán con mala conciencia. Pero nadie podrá negar que crees en lo que dices. Y, desde luego, nadie se aburrirá.

(TOP01M)

“Evangelio