San Juan no usaba calcetines

Me he puesto calcetines negros esta mañana (los amarillos de rombos no le sientan bien al clergyman). Pero, si alguien preguntara quién soy, jamás le diría: «soy el hombre de los calcetines negros». Mis calcetines no me definen. Ni siquiera diría: «soy el hombre de la camisa negra». Mi camisa tampoco me define. Sin embargo, sí podría decir: «soy sacerdote». El sacerdocio de define y me marca.

Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba.

Lo sorprendente de estas palabras es que es el propio Juan quien las escribe. Y, al redactar su evangelio, se define a sí mismo, no por su nombre, sino por algo que lo define más que su propio nombre: El discípulo a quien Jesús amaba. Ese Amor de Cristo lo ha transformado de tal forma que lo ha convertido en una criatura nueva.

Mañana llega el Amor. Y ojalá te alcance de lleno. Abre, de par en par, las puertas del alma, confiesa tus pecados para el que el Paráclito no encuentre obstáculos en su camino hasta lo más hondo. Y, ojalá, a partir de mañana, si te preguntan quién eres, puedas responder: «Soy cristiano», es decir: «Le pertenezco a Cristo».

(TP07S)