Saboréalo

Aún tenemos mucha Pascua para saborear antes de que llegue Pentecostés. Pero eso no significa que estemos en ayunas en espera del Paráclito. Pentecostés es la gran manifestación del Espíritu en forma de lenguas de fuego, pero ese Espíritu, que se manifestó hacia fuera cincuenta días después de la Pascua, nos fue entregado en la Cruz, cuando Jesús, inclinando la cabeza, entregó el Espíritu (Jn 19,30). Sin Espíritu no hay Pascua, porque sin Espíritu no hay bautismo. Él ha alumbrado en nuestros corazones la vida nueva que paladeamos estos días.

En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Y tú, que confesaste tus pecados en Cuaresma, que moriste al pecado en Viernes Santo, y que fuiste sepultado con Cristo en día de Sábado, has nacido del Espíritu por la vida de la gracia alumbrada en tu alma en el bautismo y renovada en la reconciliación.

Saborea, con el paladar del alma, esa vida nueva, y disfruta del don de sabiduría. Repítelo una y otra vez en tu interior: «Estoy en gracia, vivo para Dios, soy criatura nueva, soy templo de Cristo»… Hoy tú vales mucho.

(TP02L)