Sabor a Cristo

Lo cantaron, que yo recuerde, Luis Miguel, Los Panchos y María Dolores Pradera: «Pasarán más de mil años, muchos más. Yo no sé si tenga amor la eternidad. Pero allá tal como aquí, en tu boca llevarás sabor a mí». Difícil que no suene la música en el pensamiento mientras los ojos recorren las palabras.

Yo si sé que tiene Amor la eternidad. Y que aquí, tal como allá, el cristiano lleva en su boca, y en su vida, y en su alegría, sabor a Cristo.

Vosotros sois la sal de la tierra. Mientras llevemos sabor a Cristo, sazonamos la tierra, y transformamos los ambientes en los que vivimos haciéndolos más humanos, más divinos, más «sabrosos» en el paladar de Dios. Un cristiano no necesita hacer nada especial. Si está lleno de Cristo, si sabe a Él, basta con dejarlo en una prisión para que la cárcel termine convertida en cenáculo.

Pero si la sal se vuelve sosa… Se vuelve sosa la sal cuando perdemos el sabor a Cristo, cuando el corazón del cristiano se llena de sí mismo, de sus problemas y caprichos, de sus dolores y manías.

Reza. Ama al Señor y llénate de Él. No seas soso.

(2604)