Ruidos y silencios

Déjame que te hable sobre Cafarnaúm. Era la ciudad donde vivían Andrés y Pedro, el lugar más visitado y querido por Jesús en los comienzos de su vida pública y, también, el escenario de la mayoría de sus milagros. No tienes más que imaginar el tumulto que nos describe san Lucas: Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.

Y, sin embargo, Cafarnaúm fue la ciudad que abandonó en masa al Señor tras escuchar el discurso del pan de vida. Al no comprender sus palabras, lo dieron por loco y se apartaron de Él.

Te cuento esto porque tiene que ver contigo y conmigo. Y con muchos. Aquellos hombres aplaudían y disfrutaban con el espectáculo de los milagros, pero no fueron capaces de aceptar el silencio y la humildad de la sagrada Hostia.

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo. Querían más milagros, pero no entendían que Jesús les dio más en aquellas horas solitarias de oración por ellos que en todas las curaciones y exorcismos.

Medítalo.

(TOI22X)