Rezando y recordando

Cuentan que san Mateo, tras la dispersión de los apóstoles a la muerte de Esteban, predicó el Evangelio en Etiopía y murió mártir allí. Poco sabemos de la vida del santo en aquellas tierras, pero, con toda seguridad, muchas veces, en su oración, recordaría ese primer momento en que su vida cambió por completo.

Vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Aquella mirada del Señor, y la voz cariñosa e imperativa a la vez con que lo llamó quedaron, a buen seguro, grabadas a fuego en su alma. Como el primer encuentro de unos enamorados, Mateo lo escudriñaría con lágrimas muchas veces.

¿Y tú? ¿Recuerdas tu primer encuentro? Quizá caminaste lejos de Dios durante años, o, quizá, desde pequeño frecuentaste la iglesia. Pero hubo un momento (un día, una hora, un lugar, un mes o un año) en que percibiste, con claridad, el Amor único de Dios por ti. Aquella llamada cambió tu vida. ¿Vuelves sobre ella? ¿La recuerdas, de cuando en cuando, en oración?

Hazlo. Así darás gracias, te afianzarás en ese Amor, y, también, podrás examinarte y preguntarte si has sido fiel.

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