Rezando en punto muerto

¿Has intentado alguna vez arrancar tu vehículo en punto muerto? ¿O mientras pisabas el pedal del embrague a fondo? En esos casos, por mucho que pisemos el acelerador, lo único que producimos es ruido; pero el vehículo no se mueve, porque el motor se encuentra desconectado de las ruedas.

No es que me haya entrado furor por la mecánica. Es que no encuentro una forma mejor de explicar los peligros de una oración que no mueve la vida.

Puedes agotar todas las devociones del devocionario y asistir a todas las reuniones piadosas que encuentres en el tablón de anuncios de la iglesia… Si esa piedad no te lleva a ser más alegre, generoso y humilde con los tuyos; si no te mueve a salir al encuentro de las ovejas perdidas; si no te convierte en mejor amigo de tus amigos… Entonces, estás rezando en punto muerto. No te digo que dejes de rezar; te pido que, al menos, metas la primera marcha.

Cuando Jesús señala quiénes son los suyos, no se refiere a «los que rezan mucho». Más bien, dice: El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Muévete, por favor.

(TOP03M)