Remedios para el mareo

Me sorprende que, cuando estamos por estos lares alcanzando temperaturas bajo cero, el Señor nos diga: Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.

Claro que, como va todo tan deprisa, seguro que, si me fijo en una higuera, a poco que me entretenga mirándola me doy cuenta de que me sobra el abrigo y las ramas se han llenado de brotes. Me miré una vez al espejo con quince años para comprobar que tenía pelillos en el bigote. Cerré los ojos. Los volví a abrir, y descubrí que donde ya apenas quedaban pelillos era en la cocorota. ¡Qué sabia es esa frase del salmo: Fui joven, ya soy viejo (Sal 37, 25)! En lo que tardas en pronunciarla se hace verdad.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Dicen que, mientras viajas, evitarás marearte si clavas la mirada en un punto fijo del horizonte. El único punto fijo que he encontrado en el viaje de la vida para clavar los ojos y no marearme es la palabra de Dios. No quisiera apartar de ella mi mirada jamás.

(TOI34V)