Remedio contra la estupidez

¿Te quejas de que, por más que les dices las cosas una y otra vez, no te entienden? Yo también. Pero, examínate: ¿Haces caso a los demás cuando te advierten? Te confieso que a menudo de examino sobre ello, y, no sé…

Todos venimos a ser bastante parecidos. El hombre, que salió humilde y sabio de las manos de Dios, se apartó de Él por el pecado. Y, desde entonces, es necio por naturaleza (por naturaleza caída, desde luego). No nos enteramos de apenas nada, y solemos decir bastantes estupideces. Nos parecemos mucho a aquel sordo del evangelio, que, además, apenas podía hablar.

¡Bien por nosotros! Porque la salvación de aquel hombre es también la nuestra. Jesús, apartándolo de la gente, a solas, lo sanó. Si vencemos la resistencia a la soledad con Dios, si encontramos cada día media hora para pasarla en intimidad con Él, nos curará.

Le metió los dedos en los oídos, y con la saliva le tocó la lengua. El dedo de Jesús, que es su Espíritu, nos hará entender, y su saliva, que es su palabra, abrirá nuestros labios para proclamar sus maravillas.

¿Por qué no rezas? Es la mejor cura para nuestra estupidez «natural».

(TOP05V)