Ratos de oración «calientes»

«Lo primero que hago, cada mañana, es mi rato de oración»… Mientras lo escuchaba, yo asentía con la cabeza. Es cierto que comenzar el día rezando es muy saludable. Pero, poco después, quien me hablaba añadió una coletilla: «No sabe usted lo bien que se levanta uno de la cama después de ese tiempo de recogimiento». Casi me abro las venas. De modo que mi piadoso interlocutor hacía la oración ¡en la cama! ¡Claro! ¡Por eso tantos días me decía que se quedaba dormido rezando!

Entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Es muy hermosa la oración que se hace en el cuarto. Pero, por favor, ¡decoro! Preséntate ante Dios como un enamorado ante el amor de su alma: te aseas, te vistes, te peinas… y te arrodillas, o te sientas. Si así lo haces, podrás decir que te has aseado y vestido para Dios. Y que esa postura corporal tan digna y hermosa sólo Dios la aprecia.

No digo que no reces mientras estás en la cama; digo que no te quedes en cama mientras haces la oración. ¡Gandul!

(TOI11X)