Quizá no mueras

Decimos, con voz solemne y gesto serio, que la única certeza de la vida es que todos hemos de morir.

Y, sin embargo, no es verdad. No todos hemos de morir. Habrá algunas personas elegidas que no mueran, y no sabemos quiénes serán, aunque algunos soñemos con contarnos entre ellas. Morir no apetece.

Como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día.

Quienes vivan cuando el Hijo del hombre vuelva sobre las nubes no morirán. También san Pablo soñaba con contarse entre esos elegidos, y decía: En un instante, los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados (1Co 15, 52).

Aunque ni siquiera todos los que vivan entonces serán transformados según la gloria de Cristo. Sólo aquéllos que lo hayan conocido y amado serán glorificados como Él.

Por eso, antes de que el Señor vuelva como el relámpago, debemos haberlo encontrado, conocido y amado en la oscuridad y el silencio del corazón.

El reino de Dios está en medio de vosotros.

Tan en medio, tan en medio, que está en el centro mismo del alma. Búscalo en ese refugio, y espera allí al relámpago. Quizá no mueras.

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