Quitando lo malo…

Me he acordado de Alicia. Era una mujer vasca, muy vasca, a quien conocí ya mayor, y a quien traté durante una larga vejez, hasta que se me fue al cielo. Te la encontrabas en la calle y le preguntabas: «¿Cómo estás, Alicia?». Entonces ella sonreía: «Quitando lo malo, todo bien». Un encanto.

Jesús promete en esta vida, a quien todo lo deje por él, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones– y en la edad futura, vida eterna. Lo de las persecuciones va incluido, y con razón, porque siempre hay pecados que expiar, y porque el mundo se redime desde la Cruz. No va referido solamente a las persecuciones desatadas por enemigos de la Iglesia, sino, también, a las insidias con que persiguen al cristiano los enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. Tentaciones, fracasos, contratiempos, dolores, enfermedad, muerte…

Pero reconozcamos que Alicia tenía razón. «Quitando lo malo», Dios nos mima mucho. ¡Son tantos los detalles de la Providencia espolvoreados con cariño a lo largo del día! Hay tanto Amor de Dios en nuestro camino, que ni siquiera es necesario, querida Alicia, quitar «lo malo». ¡Todo bien!

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