Quisiera ser Juan

Llevamos, Jesús, unas cuantas semanas santas juntos. Muchas –demasiadas– te vi padecer desde el banco de la iglesia. Tú llorabas, y yo miraba, aunque alguna lágrima surcara mi rostro. Pero llorar a distancia es fácil.

Me levanté del banco, rompí esa maldita barrera y me vi dentro del cuadro. Y fui Judas. En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar… Y, untando el pan, se lo dio a Judas. Yo mismo, que tantas veces me había alimentado con tu pan, pequé, te traicioné y te entregué a la muerte. ¡Cómo no llorar!

También fui Pedro: ¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces. ¡Tantas veces te dije que te amaba! ¡Y tantas, ante la sombra de la Cruz, salí corriendo y te negué por miedo a la muerte!

Este año, Jesús, quiero ser Juan. Él, apoyándose en el pecho de Jesús… Quisiera reclinar mi cabeza en tu costado, callar, guardar cada uno de los latidos de tu corazón y alcanzar, como el discípulo amado, la cima del Gólgota. Quizá, una vez allí, pueda soñar un año con ser Tú.

(MSTO)