¿Qué tiene de malo?

En el evangelio de san Lucas, las bienaventuranzas quedan reducidas a cuatro, pero van acompañadas de cuatro advertencias:

¡Ay de vosotros, los ricos!… ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!… ¡Ay de los que ahora reís!… ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!

Preguntas: «¿Y qué tiene de malo? ¿Qué hay de malo en tener riquezas, en saciarse, en reír o en tener buena imagen?»

Nada. Las riquezas, el alimento, la risa o lo que haya en nosotros digno de alabanza son don de Dios, y nada hay en ellas de malo. El mal está dentro, en el corazón del hombre, herido por el pecado. Porque ese corazón, en lugar de disfrutar de los bienes materiales con templanza y en acción de gracias, fácilmente se entrega en sus manos y se aleja del Creador. Reconócelo: es más fácil acordarse de Dios cuando se sufre, que elevar el espíritu después de haber comido dos platos de fabada seguidos de dos copas, al borde ya de la siesta.

¿La solución? Sé templado en los goces terrenales, para que no te aparten del Señor. Y abrázate a Dios en la pobreza y el dolor, para que sea Él tu única riqueza.

(TOI23X)