Puestos a ayunar…

No nos gusta sufrir. Ni siquiera para adelgazar. El ayuno dietético es un asco, y, además, es una falta de consideración con los pobres gusanos que un día devorarán nuestros restos mortales, y a quienes muchos parecen empeñados en matar de hambre.

Y, sin embargo, ayunamos. ¡Por supuesto que ayunamos! Hay quien ayuna para suplicarle al Señor y obtener su favor, como hicieron los ninivitas para obtener el perdón de Dios. Es un ayuno bueno, una prolongación en el cuerpo de las lágrimas del alma. Nos privamos hoy de un bien, para obtener mañana un bien mucho mejor. Te sugiero que, cuando pidas algo a Dios, sobre todo si ese «algo» está relacionado con la salvación de un alma, acompañes tu oración con alguna mortificación sencilla.

Pero, si quieres ayunar bien… no sufras tanto. No esperes a obtener lo suplicado para desquitarte de la renuncia que conlleva el ayuno. ¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Ayuna para saciarte. Mientras te privas de consuelos carnales, entrega tu alma a la oración, y goza del Esposo en el santuario del alma.

Recuérdalo bien: la comunión no rompe el ayuno. ¡Y es un banquetazo!

(TOP13S)