Profeta muerto no tose

«Creo en Jesús, pero no creo en la Iglesia».

¿Cuántas veces lo has escuchado? A quien te lo dice deberías responderle con las palabras de ese Jesús en quien dice creer: ¡Edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»!

Un Jesús sin Iglesia es un Jesús muerto. Un Jesús muerto no tose ni molesta, como ya no molestaban aquellos profetas. Puedes ensalzarlo, decir maravillas de él, y, sobre todo, puedes hacerle decir lo que te venga en gana, porque no se quejará. Es «tu Jesús», el que tú has creado. Edifícale, por tanto, un mausoleo, ya que es obra tuya, y te ensalzas a ti mismo.

Pero la Iglesia, o, si lo quieres más concreto, el sacerdote, es el Cristo vivo que te dice a la cara lo que haces mal y te señala el camino. A ese Cristo hay que matarlo, porque molesta.

Colmad también vosotros la medida de vuestros padres. Mejor: colmemos nosotros la medida de nuestra Madre, y amemos a Cristo, vivo en el Cielo y en la Iglesia, con toda nuestra alma.

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