Precalienta el horno

En el evangelio de san Juan, Jesús hace una promesa que no deberíamos olvidar:

Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros (Jn 14, 3).

Estas palabras no van referidas, únicamente, a la segunda venida del Señor sobre los cielos. También se refieren a la llegada del Espíritu Santo al alma del cristiano. Cuando el Paráclito viene, toma de la mano al hijo de Dios, y lo introduce en ese santuario interior que es cielo donde Cristo habita con el Padre.

Estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Deberíamos esperar cada sacramento, y cada momento de oración, revestidos de sobriedad y vigilantes, con la atención puesta sólo en Dios. Porque, si llegas tarde a misa, pensando en tus preocupaciones, y en ellas sigues ocupado durante la celebración, el Señor viene y pasa; estás mirando hacia otro lado, y no entablas diálogo con Él.

¿Te lo digo en idioma «MasterChef»? Precalienta el horno. Que el comienzo de la misa, y el inicio de la oración, te encuentren ya en vela. Esos «minutos antes» son cruciales.

(TOP29M)

“Evangelio