Por verte a ti…

Hace muchos años, el diario ABC publicaba una carta de amor muy peculiar. Venía a ser algo así:

«Por verte a ti, atravesaría el mar a nado. Por verte a ti, cruzaría el desierto sin una gota de agua. Por verte a ti, escalaría los montes más altos»… Y, tras enumerar otras proezas, el enamorado se despedía: «El próximo sábado, si no llueve, iré a verte».

Mirad, ahora, a ese hijo a quien su padre invita a trabajar en la viña: Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Pensáis que mentía cuando prometió ir? Yo creo que no. Y tampoco mentía el enamorado al prometer proezas para ver al amor de su alma. Ambos, al manifestarse dispuestos, dejaban hablar al corazón. Pero una cosa son los deseos, y otra distinta las obras. ¡Somos tan pobrecitos!

Cuando, ante el sagrario, le gritamos al Señor que lo amamos, deberíamos recordar que esas palabras tan hermosas aún debemos hacerlas verdad con nuestra vida. Y pedir ayuda para que así sea. Yo le aconsejaría al enamorado que, antes de lanzarse a cruzar a nado el mar, cogiera el paraguas y saliera a visitar a su novia el sábado próximo. Por algo se empieza.

(TOA26)