¿Por qué te enfadas?

Vas de decepción en decepción, y, al final, terminas disgustado con todo el mundo. Te quejas de tu familia, de tus amigos, de tus compañeros de trabajo, de la situación política, de lo mal que te han tratado en el restaurante, y de lo mal que conduce el de ese Renault rojo que se te ha puesto delante en la autopista.

Ahora te quejarás también de mí, pero déjame decirte que la culpa es tuya. ¿Por qué esperas nada de las criaturas?

¡Cuidado con la gente! Porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas… El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo…

Da gracias de que aún no te ha sucedido nada de eso. Pero aprende que este mundo está tocado por el pecado, como lo estás también tú. ¿Qué puedes esperar de personas pecadoras? Les estás pidiendo más de lo que pueden dar. Muchas de esas personas, como tú, luchan cada día por ser mejores, pero no lo consiguen. ¿Lo consigues tú?

Anda, vuelve a la realidad. Ama a todos con amor de misericordia, no esperes nada de nadie… Y espéralo todo de Dios. Él es el único que no te fallará.

(TOI14V)