¿Por qué no acabamos de creer?

El gran reproche de Jesús a los judíos es que no creen: Al que el Padre envió no lo creéis… ¿Cómo podéis creer vosotros?… Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí… ¿Cómo vais a creer en mis palabras?

Quien tantas veces repite lo mismo no grita, se desgañita. Jesús se está desgañitando porque ama, y sabe que, si el hombre no cree en Él, no puede salvarse, está perdido.

Escuchémosle, dejemos que sus palabras se prolonguen con un eco en nuestras almas mientras nuestros ojos se clavan en la Cruz:

«Vengo a salvaros, y me crucificáis. Vengo a traeros vida, y me dais muerte. Y todo porque vais a lo vuestro, porque no queréis cambiar de vida, porque no queréis acogerme como vuestro único Salvador, y seguís buscando la salvación en vuestro capricho. Por eso no creéis, porque no queréis renunciar a lo vuestro para recibirme a Mí».

Lloremos, y respondamos: «Oh, Jesús, no te he creído sino a medias. Con una mano tomaba la tuya, mientras la otra, temblorosa, seguía aferrada a mi capricho por si acaso Tú no eras verdad. Hoy quiero poner mis dos manos, mis dos oídos en Ti, y no retirarlos jamás. Quiero creer».

(TC04J)