Por la carpintería la gloria entera pasa

almas sencillas¡Qué lugar tan sorprendente, el que ocupó, en la encarnación del Verbo, el bendito san José! El niño Dios aprendió a decir «papá» mirándole a él. Allí estaba el santo patriarca, entre el Padre y la humanidad del Hijo. Jesús cumplía la voluntad del Padre obedeciendo a José, y aprendía de su Padre mientras José le enseñaba.

¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? Esa sabiduría y esos milagros no le vienen, no, del carpintero. Pero, como reza el himno litúrgico de esta fiesta, «por la carpintería la gloria entera pasa». San José fue canal de gracia para la humanidad de Cristo; su trabajo, lección magistral para un Dios convertido en aprendiz. Sus manos de padre tocaban las del Hijo mientras las guiaba a través de la madera, y ni el mismo Miguel Ángel hubiera sido capaz de captar, en toda su belleza, el misterio de esos dedos trenzados de José y de Jesús mientras la sierra surcaba el leño.

Lo que aprendió de su padre nos lo enseña a nosotros el Maestro. Si Él trabajó en el taller de José, nosotros trabajamos en el de Jesús. Con nuestro trabajo redimimos almas.

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