¡Por hablar!

El maestro de la ley, que compartía mesa con los fariseos, estaba allí mientras Jesús hablaba:

¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!

Y, claro, aquel maestro de la ley también tenía su asiento reservado en sinagogas y banquetes. Que Jesús arremetiera contra los fariseos le parecía incluso bien, porque merecido lo tenían. Pero que denunciara la reserva de asientos según dignidades… eso era demasiado. Y levantó la voz:

Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.

Jesús lo miró, y en sus ojos apareció un «por cierto, y ya que estás aquí…»

¡Ay de vosotros, también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!

¡Por hablar! ¿Cómo se te ocurre defenderte de la Palabra de Dios? Cuando era joven me enseñaron algo que me ha servido mucho: Si, durante la predicación, una palabra del predicador te escuece, ten por seguro que esa palabra era para ti. No te defiendas; más bien, aprovéchala. Dios te ha hablado.

(TOI28X)