Por encima de todo y de todos

Pocas imágenes hay más hermosas en los evangelios que la de Jesús caminando sobre el agua.

Soy yo, no temáis.

Qué bien se entienden, ante esa imagen, las palabras que escuchamos hace días: El que viene del cielo está por encima de todos (Jn 3, 31).

Míralo, caminando sobre las olas. Él es la paz en medio de la guerra, la dicha en medio del caos, la felicidad que llega sin necesidad de que las cosas cambien. No amaina la tormenta, no se amansan las olas ni se calman los vientos… Pero, sobre todo ello, Él reina, majestuoso y sereno.

Convéncete: la resurrección de Cristo no supone la solución de los problemas de esta vida, sino el acceso a una vida nueva, que está por encima de todo lo terreno. Mira, desde tu pobre barca azotada por las olas, a ese Jesús, glorioso y sereno, que te sonríe y te llama: Soy yo, no temáis. Y comprende que Él, sólo Él, es tu paz.

La invitación a mirar a Jesús sobre las aguas marca todo un camino de santidad, el de la contemplación. En cuanto a tomarlo a bordo… Eso será en el Cielo.

En el sitio a donde iban.

(TP02S)