Ponte en tu sitio

El sitio del discípulo está a los pies del maestro, y el sitio de la criatura a los pies del Creador. También está, a los pies del Redentor, el sitio del redimido.

Colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas. Emociona mucho contemplar a esta mujer llorando sus culpas a los pies del Señor. Como ella estamos, también nosotros, cuando, de rodillas, confesamos nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia. No nos arrodillamos ante el sacerdote, sino ante Cristo. Aunque me pregunto si lo hacemos con la misma gratitud que esta mujer.

Veo, en ocasiones, a muchos que confiesan sus pecados con aburrimiento. Después del consabido «Ave María purísima», parecen decir: «Padre, vengo a decirle lo de siempre, para que usted me diga lo de siempre, me imponga la penitencia de siempre, y yo, cuando me marche, vuelva a hacer lo mismo, como siempre».

No dejes que se introduzca la rutina en tus confesiones. Pide al Señor una contrición verdadera, un firme propósito de enmienda, y una gratitud infinita al recibir la absolución. No es necesario que empapes con tus lágrimas al sacerdote. Pero, al menos, llora un poco por dentro.

(TOI24J)